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empresa tan árdua y todavia no realizada, movida del ilustrado patriotismo que resplandeció un dia en dona Berenguela y doña Maria de Molina, en doña Catalina de Alencastre y doña Isabel I.", egregias protectoras de las letras castellanas, no solamente se dignó aplaudir con hidalguia de española mis difíciles tareas, sino que deseando tambien estimularlas, me honró con magnanimidad de Reina, ogendo algunos capítulos de la misma obra; distincion que por lo inusitada y por haber nacido espontáneamente en el ánimo de V. N., fué

para

mí doblemente acepta y satisfactoria.

La HISTORIA CRÍTICA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA, dados estos singulares precedentes, no podia ver la luz pública sin que el augusto nombre de V. I. ilustrase su primera página. Al concederme V. M. merced tan señalada, no ignoraba sin duda que seria mayor y de más alto precio el tributo de mi gratitud, si como he tepido voluntad y perseverancia para acometer y dar cima á tan grandioso

У pensamiento, me hubiera concedido el cielo el talento de los grandes historiadores y de los profundos filósofos, para realizarlo. .

No olvide V. M. sin embargo que si po corresponde el fruto de mis vigilias á la grandeza del asunto, tiene al menos la llISTORIA CRÍTICA DE LA LITERATURA ESPAÑOLA el mérito de ser la primera escrita por un español en lengua castellana.

SEÑORA:

Á L. R. P. DE V. M.

José Amador de los Rios.

ADVERTENCIA.

Ocioso parecerá el llamar aquí la atencion de los lectores, consagrada la Introduccion siguiente á exponer el objeto fundamental y el plan, á que hemos sujetado la Historia critica de la Literatura española. Muévenos sin embargo un antiguo deber, cuyo olvido seria grave pecado, á consignar la gratitud, engendrada en nuestro pecho por muy distinguidos varones que, ya ministrándonos preciosos datos, ya auxiliándonos con doctas advertencias, han contribuido al mejor éxito de nuestras vigilias. Pero es en verdad harto doloroso el añadir que casi todos los que nos obligan con tan dulce recuerdo, han pasado ya de esta vida: tal sucede por desgracia con don Alberto Lista y Aragon, don Javier de Burgos, don Manuel José Quintana, don Jacobo Maria de Parga, don Antonio Gil de Zárate y don José de la Revilla, quienes en vario concepto nos alentaron generosos para llevar a cabo esta empresa.

Ni es menor nuestra deuda para con otros entendidos literatos extranjeros: durante el largo tiempo empleado en la Historia, hemos procurado hacer públicas y probar en la piedra de toque de la critica las ideas fundamentales sobre que debia girar aquella: al efecto recogimos en un libro los materiales allegados respecto de la raza hebrea, sacando á luz en 1848 los Estudios históricos, politicos y literarios sobre los Judios de España, y no con distinto propósito dimos a la estampa en 1852 las Obras del Marqués de Santillana, exponiendo en sus Ilustraciones la clave principal de más graves estudios, realizados en la presente obra, algunos de los

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cuales hemos publicado tambien en Revistas francesas y alemanas. A escritores tan doctos y celebrados, en una y otra nacion, como Wolf, Schack, Hammer Purgstall, Lemcke, Kayserling, Saint Hilaire, Michelet, Philarète Chasles, La Boulaye, Puibusque, Circourt (Adolfo), Baret, La Rigaudière, Ducros y otros no menos distinguidos, hemos debido benévola acogida y tal vez excesivo aplauso: su indulgencia ha estimulado no obstante nuestro patriotismo, persuadiéndonos de que no eran del todo inútiles nuestras árduas tareas; y este bien, venido de sus manos, no podia quedar por nuestra parte sin la merecida paga. Reciban pues cuantos nos ayudaron dentro de España y cuantos

у nos honraron fuera de ella con sus aplausos y saludables avisos

tradujeron á sus lenguas nativas nuestros ensayos, el más vivo testimonio de reconocimiento en estas breves lineas: la Historia crítica de la Literatura española no podia ser ingrata á sus bienhechores; y reconocido el beneficio, ninguna ocasion más propia y solemne que la de aparecer á la luz del dia, para mostrarse bien nacida.

Al comparecer de nuevo ante el tribunal de los doctos, no nos desvanece sin embargo la presuncion de juzgar perfecta nuestra obra: llegamos, sí, con aquella honrada tranquilidad de quien ha consagrado la vida entera al logro de una idea meritoria, y esperamos su fallo, seguros de que si nuestras vigilias no merecieren su alabanza, ganarán al menos su indulgencia. Ni replicaremos tampoco á más severo ó menos bien intencionado juicio, pesadas las dificultades de la empresa, con aquel malicioso epigrama, en que el poeta de Bilbilis moteja á sus detractores:

Cum tua non edas, carpis mea carmina, Laeli.
Carpere vel noli nostra, vel ede tua

| Lib. I, ep. XCII.

INTRODUCCION.

Espíritu, carácter y tendencias de la crítica literaria en España.-La críti

ca en el siglo XIX.-Objeto y plan de esta obra.

1.

Han pasado ya felizmente aquellos dias en que, para mengua de la civilizacion y con ofensa de la justicia, levantándose sobre la trípode de las antiguas sibilas, preguntaba el falso espíritu de la filosofia y de la crítica, por boca de Mr. Masson, á la faz del mundo ilustrado: «Qué se debe á España? Dos, cuatro, diez si»glos há, ¿qué ha hecho por Europa?» Á esta pregunta, formulada con la arrogancia que dió a todas sus paradojas el seudofilosofismo del pasado siglo, no solamente replicó ya el clarísimo Denina, y con él doctos españoles, a quienes hizo elocuentes el agravio de la patria ?, sino que recobrado el imperio de la razon,

1 Encyclopédie par ordre de matières, voz Espagne.-El docto Abad Denina, á quien no puede tildarse de interesado, leia ante la Real Academia de Berlin, en la junta pública del 26 de Enero de 1786, un curioso é importante discurso con el siguiente título: Reponse à la question, que doit on à l'Espagne?; y tomando por norma el trabajo de Denina, escribia don Pablo Forner la Oracion apologética por la España y su mérito literario. Casi al propio tiem

TOMO 1.

A

y revocado noblemente aquel fallo que parecia condenarnos á eterna barbarie, responden hoy los más ilustres varones del Antiguo y del Nuevo Mundo, consagrando todas sus fuerzas intelectuales al importantísimo estudio de nuestra historia política, y al no menos interesante de la historia de la hermosísima literatura castellana.

Convienen los más, cualquiera que sea la extension de sus trabajos y el fin adonde se encaminen, en que ocupa aquella, bajo el aspecto de la nacionalidad, el primer puesto entre cuantas literaturas se formaron desde la caida del Imperio romano'. Pero cuando esta confesion se hace por escritores extraños, que si se muestran animados del hidalgo anhelo de la verdad, no han podido penetrar aun todos los misterios de la cultura española, harto reprensible y doloroso es que no haya pensado todavia en el presente siglo ningun español en trazar la historia de nuestras letras, la más interesante para nosotros de cuantas pueden escribirse entre las naciones neolatinas. Verdad es que la misma riqueza y abundancia de materiales, la misma variedad de elementos, y sobre todo la gran versidad de miras respecto del arte, han sido causa de que se hayan rețraido de tan laudable propósito los que tal vez se hallaban dotados de fuerzas para realizarlo, y han servido tambien de obstáculo insuperable a los que, llevados del espíritu de escuela, han visto con intolerante desden cuanto no se ajustaba á sus doctrinas. La crítica, lejos de ser por estas razones saludable para los buenos estudios; lejos de aparecer a nuestra vista, ostentando en su diestra la antorcha de la filosofia, para derramar la luz por todas partes; lejos de conducirnos al verdadero templo de la inmortalidad, para rendir en sus aras el tributo de la admiracion a los ingenios españoles que han conquistado en él levantado asiento,

di

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po respondian fuera de la Península á otras acusaciones, no más fundadas, los eruditos jesuitas Lampillas y Andrés, á quienes despues señalaremos la verdadera gloria que les corresponde, como cultivadores de la crítica literaria.

1 Uno de los escritores que con mayor autoridad conceden á la literatura española esta especie de supremacia, es el aleman Federico Schlegel, quien en el capitulo XI, tomo primero de su Historia de la literatura antigua y moderna, se expresa en esta forma: «Bajo el aspecto del mérito de la naciona»lidad alcanza la literatura española el primer puesto: quizá pueda concedernse el segundo a la inglesa.»

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