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ADVERTENCIA.

Ocioso parecerá el llamar aquí la atencion de los lectores, consa

, grada la Introduccion siguiente á exponer el objeto fundamental y el plan, á que hemos sujetado la Historia critica de la Literatura española. Muévenos sin embargo un antiguo deber, cuyo olvido seria grave pecado, á consignar la gratitud, engendrada en nuestro pecho por muy distinguidos varones que, ya ministrándonos preciosos datos, ya auxiliándonos con doctas advertencias, han contribuido al mejor éxito de nuestras vigilias. Pero es en verdad harto doloroso el añadir que casi todos los que nos obligan cou tan dulce recuerdo, han pasado ya de esta vida: tal sucede por desgracia con don Alberto Lista y Aragon, don Javier de Burgos, don Manuel José Quintana, don Jacobo Maria de Parga, don Antonio Gil de Zárate y don José de la Revilla, quienes en vario concepto nos alentaron generosos para llevar a cabo esta empresa.

Ni es menor nuestra deuda para con otros entendidos literatos extranjeros: durante el largo tiempo empleado en la Historia, hemos procurado hacer públicas y probar en la piedra de toque de la crítica las ideas fundamentales sobre que debia girar aquella: al efecto recogimos en un libro los materiales allegados respecto de la raza hebrea, sacando á luz en 1848 los Estudios históricos, polilicos y literarios sobre los Judios de España, y no con distinto propósito dimos a la estampa en 1852 las Obras del Marqués de Santillana, exponiendo en sus Ilustraciones la clave principal de más graves estudios, realizados en la presente obra, algunos de los cual hommes publuca lo lambrin en Pcculas franceses y alemanas. Neritoring dan doctos y celebrados, en una y otra nacion, CONDO Wolf, Shich, Hammer Purustall. Lmche, hatxrling. Sunt lun, Michbet, Pularite Chile, La Boulaye, Puibuvue, Cirruurt Wolfe, Burre, La Rigidip, Ducros y otria no menos destinuidos, bon debido lesola convida y tal vez pasivo aplaus; nu indulgencia ha estimulado do Olutante nuestro patrioliseno, popusbandonen de que no eran did tonlo inutiles nuestras arluas tareas; y este bun, nudo de sus manom, no podia quedar \wr mira parte sin la mentida piga.

Recibin puen cuintin mo ayudaron dentro de Eyana y cuantos tuon honraron fuera de ella con sus aplausos y saludables avisons o trudujeron á st lenguas nativas nu stron inton, el mas vivo testimonio de porumimi nto en estas bortis linras: la llistoria critica de la Literatura popanda no podia wir ingrata a sus bretberloren; y ponouo el bopefcm), ninguna ocasjon mas propia y solemne que la desaparecer a la luz det du, para montrarse bien nucila.

Al compireret denuo ante el tribunal de los dorlo, no nos desvanece sin embargo la pract de juizar porfesta nuestra cobra: llevamos, S, en aquella henrula trand ide quwa ha Ogrado la valutera allude una idea meritoria, a mos su ballos, seguros de que a murtra vigiles to Menunni su alabinta, kanaran alte mult.prplanten lampe (1) a mas vcm) o menos bwn intonado junio, perles las detisultado de la empresa, con du maloum epigrama, en que el pwwtad. Bibulis me J. sus obtru doping

(tun tua doma, casi tra carnallia Lar!!
( appror volta dastra, Prle ir tua!

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INTRODUCCION.

Espíritu, carácter y tendencias de la crítica literaria en España.-La criti

ca en el siglo XIX.-Objeto y plan de esta obra.

I.

Han

lan pasado ya felizmente aquellos dias en que, para mengua de la civilizacion y con ofensa de la justicia, levantándose sobre la trípode de las antiguas sibilas, preguntaba el falso espíritu de la filosofia y de la critica, por boca de Mr. Masson, á la faz del mundo ilustrado: «¿Qué se debe á España? Dos, cuatro, diez si»glos há, ¿qué ha hecho por Europa?» Á esta pregunta, formulada con la arrogancia que dió a todas sus paradojas el seudofilosofismo del pasado siglo, no solamente replicó ya el clarísimo Denina, y con él doctos españoles, á quienes hizo elocuentes el agravio de la patria", sino que recobrado el imperio de la razon,

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| Encyclopédie par ordre de matières, voz Espagne.—El docto Abad Denina, á quien no puede tildarse de interesado, leia ante la Real Academia de Berlin, en la junta pública del 26 de Enero de 1786, un curioso é importante discurso con el siguiente título: Reponse à la question, que doit on à l'Espagne?; y tomando por norma el trabajo de Denina, escribia don Pablo Forner la Oracion apologética por la España y su mérito literario. Casi al propio tiemTOMO 1.

A

y revocalo doblemente aquel fallo que parecia condenarnos a Pterna lurbure, raponden hoy los más ilustres varones del Antiguo y del Nuevo Mundo, congrando todas sus fuerzas intelectuales al importantísimo estudo de nuestra historia politica, y al no menos interruante de la historia de la hermossima literatura castellana.

Convienen los mas, cualquiera que a la extension de sus tralajor y el fin a louden we encaminn, en que oxupa aquella, bujo el asplo de la niwonalul, el primer puesto entre cuantas literaturas w formirun de la calle del Imperio romano'. Pero cuando esta confresjon sh.bre por ese ritores estranos, que si se muestran anma los delhillo anhelo de la verdad, no han pludo pwnetrar aun tontos los mistreus de la cultura piel, harto repron-ible y der lotung) is que haya pandava en el presente siglo ningun popustol en trazar la hora de nuestras letras, la más interesante para powitrus de cuantas penesubre entre las narione Deo Latime Contactes que la m. na rurza y abundancia de maten rulos, la man van de elementos, y sobre todo la gran divenitud de mas trapunto del arte, hun bo rana de que ha

an rodando de lan laudable profu-130 lens que tal vez se hallaban decidos de fuerias para traballo, hanno lan.ben de olie táculos insuperable à les que, des del pritu de pseuela, han 91-0 ma intolerante doden cuanto ho dustaha & sus den tr04. La critua, lojas de seis por esta razning samulable para los by Aulius; lejos de afacer á fl'etra ind, intentando en su distra la anilor de la litla, fra derramar la luz por tolas partes, le jene ede con luurta al verlaubtu trmpo de la indir laika 1, puita frolir en sus aras el tribulo de la bandarin a les man fables que han route en el lado dente),

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sólo ha servido para extraviar los pasos de la juventud, á quien animaba el fuego santo de la inspiracion; sólo ha derramado tinieblas en el ancho campo de las letras; sólo nos ha podido conducir al despeñadero.

Mas no culpemos a nuestros mayores ni por su exclusivismo respecto de la estimacion en que tuvieron ciertas doctrinas, ni por la indiferencia con que miraron las obras literarias que no se fundaban en las mismas. Cuando, operado ya el renacimiento de las letras y de las artes en el suelo de Italia, fueron conocidos en España los estudios clásicos, merced á los esfuerzos de reyes tan ilustrados como don Juan II de Castilla, don Alfonso V de Aragon y la Reina Católica, esfuerzos hasta ahora no bien quilatados; cuando deslumbrados, ya al brillar la aurora del siglo XVI, por la luz que despedian las removidas ruinas del mundo antiguo, abandonaron nuestros poetas eruditos las formas artísticas de Mena y de Santillana, para seguir las huellas de Petrarca y de Sannazzaro, y más tarde las de Horacio y de Virgilio, vano hubiera sido el solicitar que se respetasen siquiera los monumentos literarios y artísticos de la edad media, calificados en Italia y despues en España con el injusto y repugnante epiteto de bárbaros 1.

En la indiferencia con que eran vistas las verdaderas producciones del ingenio español, no sólo llegaron a ser despreciadas, sino absolutamente desconocidas. Espectáculo por cierto digno de maduro y profundo exámen!... El arte erudito del renacimiento rechazaba de su seno y aun negaba la existenci. ii arte erudito de la edad media. Pero este hecho, cuya exactitud es hoy de todos reconocida, basta á explicar la diferente índole, señalando las diversas fuentes de uno y otro arte, y sirviéndonos al par de pie

1 Mr. Theophilo Hope observa, en su Historia de la arquitectura , que no solamente se dió por los italianos el epíteto de bárbaro en la época del renacimiento á cuanto correspondia á la edad media, sino que se confundieron indistintamente bajo el nombre de góticos todos los monumentos que en tan largo espacio de tiempo produjo la arquitectura (cap. XLI, edicion de Bruselas, 1839). Este mismo error se ha padecido en España: cuando don Isidoro Bosarte escribió por egemplo su Viaje a Segovia, calificó los monumentos romanicos que aquella ciudad atesora, con el titulo de góticos, y lo mismo habia hecho antes don Antonio Ponz en su Viaje de España.

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